09 agosto, 2011

Era una noche oscura y silenciosa. El cielo se cubría de nubes secas que opacaban el brillo de las estrellas y el esplendor de la luna. La ciudad estaba sin vida, muerta. Lo único que se podía oír en las desoladas calles era el soplido de un viento húmedo y cortante, acompañado por el sonido de se débil respiración. Su corazón latía con fuerza, pausado y constante, sin dejarse seducir por la adrenalina que le producía su mirada. Él la miraba fijamente, inmóvil bajo la luz intermitente de un viejo farol, intentando penetrar en lo más profundo de ella. La corta distancia que los separaba, fue desapareciendo mientras sus cuerpos se entrelazaban en un apasionado abrazo. El amor invadió esa fría noche y se apodero de ella, sellando su triunfo con un interminable beso.

1 comentario:

Kath. dijo...

Aquí hace frío. Que bueno leer algo lindo en la noche.